sábado, julio 30, 2011

Ensayo XVIII

Persiguiendo al tiempo, jugando a la escondida y yo me escondo en la no espera, en la sentencia que me deja donde quiero estar o eso creo pero aún así me hace ser la ejecutora de una cantidad de silencio que se parece mucho a la nada. Mi cabeza es un reloj de arena de treinta segundos
que nunca para de andar... a eso adjudico los cambios de gravedad y que todo parezca tanto silencio, como el grito más alaridante y/o eterno y eso acaso es la velocidad que no retumba o al menos no marea o quizás agota... en una de esas se convierte en el giro de la tierra: Imperceptible, imperante, unívoco, majestuoso, magnético, tajante. Cuando la velocidad me supera, saludo al mundo, y cuando la velocidad la controlo, me saludo a mí en una expresión de mano ambigua que por sombra no se declara si palma o su opuesto y no se manifiesta en favor de un saludo o un llamado apostando a la claridad del observador ¿Te acordás de la última vez que me viste? Yo sí, te buscaba las miradas escondidas del vigía, de vos, de tu moral, de tu entrega casi incondicional, me gritabas que era pronto, que callara, que prestara menos atención, pero que no olvidara, que tal vez tantas cosas. Pues, hoy, perdida, me vuelvo a encontrar. Hoy dije que quería quedarme a escribir después de tres días saliendo y acá estoy, sintiéndome escrita, sintiéndome un texto y el anhelo de alguien o su sueño o el anhelo del sueño de alguien y en eso estamos; por eso estamos metidos en el barro, ¿no? Intentando que el temporal no rompa la hoja ni corra la tinta. El tiempo siempre está al lado, pero nunca ahí; y es tan relevante como así yo lo decida. El límite es el no-tiempo, este recinto virtual de ausencia de movimiento y sonido y todo lo demás y abstinencia y contención e introspección pero blanco; blanco brillante y poderoso y en su punto más puro y fulgurante es el negro, amigo hermano y amante del negro; es algo más que lo que puedo. No puedo evitar sentir la cosa como las cosas... algo que al final o simplemente un poco al principio sí es y sí está y así fue como reconocí el movimiento y como consecuencia al tiempo y así nos enajenamos y nos convertimos en alguien que me escribe y me espanta de la propia sacudida del reloj de arena que por su movimiento ha perdido precisión y ahora no tengo la constante. Yo yo le perdí el miedo al miedo porque reconocí que era mi alimento... no sé, sé que no hay posibilidad más alta que la de ser escrito: ser bien escrito. Y así me entrego y hago arte sin mirar la obra desde planos ajenos. La obra es poder ser arte mientras se es uno, con toda la tediosidad de ser siempre la misma por la tarde, cada tarde. Si no alcanzo a los demás, eso por lo menos lo hago por mí. A mí el ridículo cada día me parece menos ridículo... no sé si es el precio a pagar, pero cada vez me río más... o sea, de más cosas... mientras todo más se cae, y yo más aprendo a sonreír, y no sé si hay más mientras me convenzo más cada día de que pronto los locos serán lo que se atrevieron a llamarme a mí así. Creo que escribir es eso: Saber sobrevivir con poco, y creo que eso hace un escritor: Sobrevivir muy bien con poco... y escribir es aceptar que uno es siempre escrito... la cosa es elegir escribirse bello.

Colaboración Gah - Dieguito



jueves, julio 21, 2011

If you think you're strong enough...

Era bastante violeta y tenía negro y una especie de borravino; pronto tuvo un caudal de pelo negro ronroneante y se completó con los hilos de las costuras de la cama sin sábanas, porque la iba a hacer, porque tenía ganas, pero anoche... anoche y también llegó ese regusto amargo, ese trago con sombrero gastado y un poco de moho y pi pi pi pi pi pi pi y riiiiiiiiiing y ¡clanck! Mucho ruido y yo quiero silencio y algo calentito y atender a ring y apagar piii y acariciar a purrr y limpiar el clanck para dejar que mi universo se vea rodeado de agua, de olor a limpio burgués, limpio de mentira pero inevitable y para salir a ver el Sol que hoy sonríe un poco más que ayer y para prepararme para un largo día en el que no me siento contenta pero me siento fuerte para contar una tristeza profunda, tan profunda que no se manifiesta más que en el destello de lo que irradio, pero voy limpia y soleada y sin clanck y sin piii ni más ring y solo un poco de tac tac tac y tal vez chiiiiiiiiiuck y quizás un poco de glú glú hasta prrrrrrrrrrrrrrrrr y después ring otra vez y beso y abrazo para ir a tac tac tac tac pash! tactactac y así otra vez silencio y calma hasta que pow! crash! row! bam! y ahhhhhh de ojos abiertos y adrenalina y caminata gritona entre yarrrrrrr para luego más silencio y ñam ñam flash flash y zzzzz.

domingo, julio 17, 2011

Enjoy your meal

El pedazo de cielo bateado acaricia la cara del castillo y en sus pasillos se comenta del ventarrón dispuesto desde el centro mismo del reino.

Beware!

El Rey Gato despierta de su letargo por el revuelo de la corte.

Sacúdanse las cabezas, humanos, es el vuelo del viento del aire que desplaza Su Felinidad en su andar alcaucil y su dulzura cimarrón.



miércoles, julio 13, 2011

Contrastes

Volver a las tinieblas de la casa conmigo. De la casa conmigo y sólo conmigo. Del silencio que dejan las voces a las que no les interesa escucharme, volver para escuchar al estómago gruñir. Las hendijas de luz que ocasionalmente reposan sobre la pared. La pared amarilla parece un desgarro: viejas mordidas y cicatrices estáticas listas para ser recorridas cada vez que acompaño a la casa. Sola.

Se nubla el pensamiento y las hendijas copan la totalidad de la visión y muestran caras y me sulfuran la sangre hasta dejarme petrificada. Sigo mi propia y tajada sombra; sigo un pedazo de mi sombra y me devuelve la figura de un felino.

Desde el cielo raso resuenan las voces de mis pacientes clamando por la sanidad que se les promente y me preguntan y me exigen y me gritan y desesperan; cuentan conmigo. Pero la casa está sola (conmigo).

La cama me atrapa y me reprocha el desorden que imagina un otro y las arrugas de la cama y a vos te parece si no te cuesta nada estirarla un poco y la cama me empuja y yo salto asustada y siento muchas ganas de hacer pis y ahora estoy encerrada entre una cama gigante que me reta y me señala con su arruga índice y unos pacientes que se encienden en forma de lámpara y se vacían en forma de vaso quebrado y se desabrochan en forma de monedas desperdigadas que caen y flotan pero sólo un poco y siguen cayendo sobre mí y se escucha un estruendo y soy yo en el piso y esos monstruos acechando y la amenazante mesa de luz y la matrona cama y El Gato Noné sentada sobre la cama haciendo presión y el ventilador abre sus ojos y me enrosca en sus brazos y me lame el pómulo pero tiene lengua áspera y el cadáver de esa mosca muerta que me mira porque sabe que yo fui su asesina y ahora quiere vengarse y nos miramos y El Gato Noné aplasta a la mosca y se retira de la habitación que está quieta y en silencio y la cama está arrugada como pasa de uva y mi yo temblando en un rincón y yo la veo y ya me senté a su lado pero ella se asustó y yo sólo quería preguntarle, porque tal vez ella tuviera una respuesta, tal vez ella podría explicarme cómo llegó a la Antesala del Caos, porqué tuvieron que lastimarme así y entonces la espío desde un rincón oscuro pero veo en sus ojos el terror y entonces camino con toda mi elegancia y mi pitillo y doy vueltas y ahí está ella y quizás también es portadora de una daga... no, no puedo acercarme, quizás ella también quiera lastimarme, a mí, a la condesa que besa vidrios y los rompe cuando se acerca a ellos y yo sé que ella es la culpable del vaso roto y que no existe, que está sólo en mis sueños y nada más, no es más que el producto de mi imaginación y sin embargo la necesito para construir este ser. Con ella o sin esta yo.

~Segmento~

Hay muchísimo viento-caldo de verano: la casa rechina. La temperatura bajó considerablemente, casi quiero ponerme pantalones. Plata y negro. Plateado y negro. Metal y negro. Caliente, seco, abierto. Pulido, cosido, cilíndrico. Femenino, hippie, rudo. Hornalla, mesada, mesada. Blanca y negra. Me gusta cómo combinan la pava con el mate con el termo cuando los despliego en ese orden -la yerbera la guardo inmediatamente-. El combinado varonil de mi mate me hace ponerme en postura y fastidiarme de risa de mi feminidad acomplejada; me busco los músculos marcados en los brazos, me recuerdo hace cuánto no juego al fútbol. Me veo el pelo y me condeno: “Es tan simple como usarlo corto, nena”. Me trato un poco mal y me miro despreciador ¡Ah…! Pero qué feliz soy siendo ambos a la vez. Si yo soy él puedo elegir cuándo pararme. On. Off. Yo elegí hacerme el mate, yo no recordaba que siempre que hago mate en esa mesada para mí sola. También me aburro de la imagen cuando salto de la mesada al lugar de la luz atemporal -en el transcurso me aparece el cartel de siempre de “Cuidado al amortiguar”-. Sí, claro que acabo de ver la Luna, una Luna preciosa, el primer cielo despejado en semanas, como si el techo de la casa hubiera subido varios metros; como si hubieran arreglado el caño pinchado de la cocina: sólo queda esperar que se seque un poco la ciudad, y en el mejor de los casos, volver a escuchar a los pájaros cantar. Mis ojos despiertos hace poco toman su forma felina porque mi sonrisa las apuntala desde su posición. Se me entornan los párpados, voy a tener que cambiar la luz: con esta mirada, esta luz es demasiado humana. Se ha transformado en rutina constante el conservar unos minutos la cara sin lavar. También se ha vuelto costumbre observar mis observaciones, contemplar las tanzas que aúnan mi soledad y la convierten en un bello paisaje. Lo de no lavarme la cara es para experimentar un rato cada una de ambas sensaciones. Parece ser que mi necesidad de hablar sucede si ya me lavé la cara y ahora la siento como si no hubiese despertado en todo el día. Estoy mucho tiempo a solas en mi habitación y el agua que me higieniza parece ser la primera en ateverse a inmiscuirse. Me gusta no hablar. Nunca me siento en este lugar de la habitación a escribir, este único y personal sucucho. Estoy en el borde de mi cama con las piernas cruzadas con mi vestido más corto y fresco y una mano que sostiene al mentón de coté desde su centro en el codo apoyado en mi carne de la parte superior de la pierna. Hace de mesa la almohada más dura de las tres que tiene mi cama y que solo se explican con el colchón para invitados, parado en mi pared en posición vertical delineando torcidamente el borde de la cama. A su izquierda la almohada floja y destruída (con la que duermo). Puedo ver todavía la luz fría proveniente del escritorio, la cual es amortiguada en el sonido del piano proveniente del mismo lado. La tercer almohada acaricia la madera que acaricia la luz y absorbe jazz y abraza la almohada que dejo caer cada noche. Mucho mejor. Ahora podría ser cualquier hora, con esta luz la hora no existe a excepción del recuerdo de que dormí hasta hace poco ¿Cuándo me habré dormido, qué momento del día será? No lo sé. Estoy descansada y eso es lo que importa. De vuelta al mundo del no-tiempo recuerdo los túneles por los que ya sé pasar hasta con los ojos cerrados para ir de un mundo al otro sin el menor rasguño, el límite mejor marcado, tal vez el único claro. Desarmo lo que ya recuerdo que soy, descreo de mis propias convicciones, critico mis propias conjeturas, ataco lo que asumo bello. Acá donde no hay ni tiempo ni miradas de otros, acá donde no importa cómo miro, acá donde mis armas pueden ser contempladas y probadas en mí. Le agregué velcro a mi piel de bestia para que rejunte los pedazos de ser que los demás me regalan, mientras no saben que les observo mucho más.

jueves, julio 07, 2011

martes, julio 05, 2011

Cotidianísimo

Lu: ¿Muzlo o muslo?
Yo: ¡Va con S!
Lu: ¡Apareció!
Yo: Aaaaa... ¿de qué forma?
Lu: En forma de chat y mail.
Yo: ¿Y está todo simplemente bien?
Lu: Así parece.
Yo: ¿Podemos acordar en que limaste un montón sin causa aparente?
Lu: Hasta me dijo de salir a tomar unas cervezas... Todo perfecto, crisis abortada.
Yo: Perfecto, ¡a eructar!

domingo, julio 03, 2011

Construyendo la imagen

Digamos que todo este tiempo yo veo un reflejo, una especie de construcción deformada cortada en proporción áurea con la claridad del frío y la resonancia del estallido. El reflejo en el agua. La forma de admirarse en uno de los elementos más fieles en imagen si se cuenta con la ausencia de viento: la unión entre el agua y el vidrio está dada por el frío. Ahora que lo veo como un monstruo de pelo de polvo y corazón de acero me es difícil retomar la vieja idea de la ausencia de viento y la destreza del relejo que engaña porque para nada se llama reflejo pero lo de monstruo lo conserva por su espalda redondeada y su paso, determinante como la defragmentación de una idea, más pesado que la mismísima ciudad. Pero antes no era ciudad sino que eran algas en movimiento, corales pertenecientes al manantial del no viento y la ausencia de luz que no por eso significa oscuridad sino frío, mucho frío y corales de colores que pasean en la turbia calumnia fría de azul y contemplada con los ojos fríos pero resguardados pero cómo saber si están mojados, pues esos ojos no pertenecen a la escena. Y el monstruo; que no es monstruo sino encorvado y mastodonte magnánime, estado de decadencia de la furia de la especie, por excedido, pero es calmo y no destruye sino que avanza y busca con cierta ilusión infantil pero que si fuera reflejo sería reflejo deformado porque no es suficientemente equivalente y sin embargo hasta que no me detuve a ver cuál era el ruido, la asimetría, yo veía claramente un relejo en proporción áurea y un fondo de algas con polvo de alga que seguro es vida, a mis ojos diminuta, o tal vez difusa o quizás algo distinto pero que no sé imaginar todavía o tal vez nunca imagine y por eso es solo polvo que no conozco y llamo de una forma que satisfaga mi necesidad de un recuerdo, un nombre. El humo marca la ausencia de plenitud de agua.