viernes, abril 16, 2010

Ansiedad

Saber que estás. Conocerte carnalmente hasta lo más íntimo de mi ser. Eso. Hasta lo más íntimo. Y nada más. Hasta el límite que te imponen las bacterias que hacen fiesta en mi garganta. Dialoguemos. No puedo hablar. Prácticamente. Una cámara de fotos se posa en el borde de nuestro ser desde el ángulo de mi ganglio y me amenaza con ser recordada por el resto de la eternidad de alguna forma. No quiero ninguna forma, no necesito saber más. Me pregunto qué pasaría si le sacara una foto al horror que tenemos en nuestra garganta ya que no puedo emitir palabras sonoras para manfiestar su repugnancia.
¿No sería un poco injusto con la cámara el exponerla de esa forma? Pongámosle protección de neoprene, a ver si se contagia la pobre.
Ahhhh pero ¿y si la cámara fuese alégrica al neoprene? ¿No pensamos en eso? ¿Cuál sería el mal menor?
Sería peor el neoprene, si le diera alergia empezaría a estornudar flashes.
Pero si le contagiamos angina, se le va a congestionar el diafragma y no va a poder sacar luces luminosas.
Tal vez la cámara sería feliz si en vez de angina tuviésemos verborragia.
Tal vez en ese caso las fotos en vez de cortarse por donde fueron sacadas durarían "una foto y media", o quizás las cosas de unas fotos se derretirían sobre cosas de la siguiente. El recuerdo sería confuso.
¿No es lo que buscamos?